3.11.11

Dulces

Diana despierta despacio. Cuarta borrachera, y aún no termina la semana. Habitación desconocida nuevamente. Se asoma al filo de la cama y vomita. Ve su vestido en el piso, roto y ahora más sucio de lo que ya estaba. Se limpia la boca con la sábana. Se vuelve a dormir.

Diana está parada en la mitad de un puente. Se asoma al filo y ve un río estático. Salta del puente pero no cae, así que empieza a caminar por el aire. Alcanza la cima de un nevado y se sienta en un viejo sofá. Por detrás del sofá asoma su abuela materna. A la abuela le falta un brazo, y Diana la abraza y se le ríe porque el abrazo de la abuela es incompleto. La viejita también se ríe, pero al rato le da un ataque de tos que la tumba al piso y empieza a rodar por la ladera, cada vez más rápido. Diana corre detrás, pero no la alcanza. Se detiene junto a un árbol seco. Se baja el pantalón y empieza a orinar.

El calor en la entrepierna la vuelve a despertar. Quiere levantarse, pero tiene dolores distribuidos por diferentes partes de su cuerpo. Haciendo un esfuerzo logra incorporarse un poco. Recién ahí se da cuenta que no está sola en la cama. Tarda un poco en reconocerlo. Es el novio de su prima. Decide que sacará conclusiones luego. Se levanta despacio y empieza a ponerse su vestido rosado, pensando en cómo será cuando cumpla los dieciséis.

1 Comentarios:

Anonymous Rudd-O dijo...

Me recuerda a alguien que eliminé de mi vida.

11:01 p. m.  

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